Si la elegancia de la discreción tuviese nombre propio, ese sería el de él: David, David Güell Pinilla. Cuentan los que le conocen que afronta los retos mecánicos con el mismo sentido del humor con el que se enfrenta a la vida. Da gusto ver cómo se enamora de las cosas bien hechas, de sus detalles.

Si le preguntases cuál es su talento, se reiría antes de contestarte con seguridad y humildad que su talento es la intuición mecánica que cree tener desde niño. Además, te contará como desde pequeño, sentado a los pies de su madre en la cocina, quedaba fascinado por la mecánica detrás de aquellos juguetes que cultivaron su imaginación y despertaron su interés por el diseño. Ahí empezó Birkigt, entre los fogones de su infancia, pero él aún no lo sabía.

Quiero diseñar algo, lo que sea, pero que tenga el mejor diseño de su categoría”, esa es la frase que resume lo que sus compañeros de estudio recuerdan de él. Ya entonces sabía que esa excelencia en el detalle que anhelaba sería el resultado de la suma de su paciencia, perseverancia, trabajo y, por supuesto, compañeros de viaje.

David sabe relativizar los obstáculos que le presenta la vida. “Son 25 años ya con un pie en la industria y el otro en la construcción”, se le ha escuchado decir, “lo que te ofrece una perspectiva desde la que se ven muchísimas oportunidades”. Así es él. Honesto y optimista.

Las personas que han trabajado junto a David lo describen como alguien extrovertido en las distancias cortas, analítico en sus formas, con una gran capacidad para centrarse en lo importante cuando tiene muchos frentes abiertos. Si le preguntases a él añadiría que el reto de buscar soluciones imaginativas es lo que lo atrae a nuevos proyectos. “Me encanta el diseño conceptual porque me permite aplicar el pensamiento disruptivo”, ha compartido en alguna reunión.

David se define profesionalmente como especialista en el diseño de producto mecánico aplicado a la construcción y la arquitectura. Y sus compañeros destacamos de él que es alguien con quien resulta muy fácil trabajar porque tiene la capacidad de enamorarse de las buenas ideas de los demás con el mismo entusiasmo que si fueran suyas.